ENTREVISTA CON PAULINA GUERRA RIVERA, PROFESORA DE ECONOMÍA Y ADMINISTRACIÓN EN PUERTO MONTT (CHILE)

En 2016, en pleno proceso personal de cambio de vida y tras trasladarse de Santiago a Puerto Montt, Paulina Guerra Rivera comenzó a buscar nuevas formas de entender la economía y de darle un propósito a su trayectoria. En ese camino se acercó a las economías colaborativas, el comercio justo y, finalmente, a la Economía del Bien Común (EBC), un modelo que despertó su interés tanto por herramientas como el Balance del Bien Común como por su reflexión sobre la distribución de los recursos y la organización de la sociedad.
Desde entonces, la profesora de Economía y Administración, ha trasladado esa inquietud al aula. En sus clases introduce al alumnado en modelos como la economía colaborativa, la economía circular, el comercio justo y la EBC, combinando teoría y proyectos prácticos. Su objetivo es que los futuros profesionales comprendan que la economía no se limita a los modelos tradicionales y descubran que existen otras maneras de gestionar los recursos y de tomar decisiones económicas.
En concreto, Guerra Rivera desarrolló una asignatura optativa en la Universidad de los Lagos, en Puerto Montt, Chile, centrada en la Economía del Bien Común y el Balance del Bien Común. La experiencia evidenció un creciente interés estudiantil y puso de manifiesto el potencial de la EBC para articular debates sobre sostenibilidad, responsabilidad social y transformación económica.
Desde Futur Sostenible, un programa de la Fundació Novessendes financiado por la Generalitat Valenciana, conversamos con Paulina para conocer cómo incorpora estos enfoques a sus clases y cómo ayuda al alumnado a reflexionar sobre el uso de los recursos, las decisiones de consumo y el papel que pueden desempeñar las empresas en la sociedad.
BALANCE DEL BIEN COMÚN: UNA HERRAMIENTA PODEROSA
Futur Sostenible: ¿Cómo descubriste la EBC y por qué te acercaste a ella?
Paulina Guerra Rivera: Fue en el 2016. Soy originaria de Santiago, pero actualmente vivo en Puerto Montt, que es el sur de Chile. Desde hace mucho tiempo ya me interesaban las economías colaborativas y, en ese proceso de cambiar de ciudad y darle un propósito a la vida, conocí el comercio justo, la economía colaborativa y, dentro de eso, la EBC.
Entonces generamos una red aquí en el sur que funcionó muy fluidamente. Incluso trajimos a Christian Felber a un evento en Puerto Montt. De ahí en adelante ya comencé a trabajar en la asociación que existía en ese momento. Eso fue en 2016, promoviendo charlas de economía del bien común, armando estos nodos de semillas, que se llamaban en su momento…
FS: ¿Qué es lo que te cautivó del modelo?
PGR: La propuesta en relación con, primero, el balance del bien común, que está bien estructurado, aunque es complejo de implementar. Sin embargo, el balance es una herramienta que me parece interesante, me llamó la atención. Y, por otro lado, en su momento, cuando conocí la EBC, ésta también apuntaba a las constituciones de los países, y justo en Chile estábamos un poco en ese proceso.
Otra cosa que me cautivó fue el análisis político, sociológico, también la reflexión sobre la distribución de los recursos… Esos elementos me llamaron la atención, pero sobre todo también la herramienta concisa del Balance como tal.
FS: ¿Se te ocurre a ti llevarla al ámbito educativo?
PGR: En este proceso que te mencionaba de cambio de vida acá en el sur, empecé a hacer clases en educación superior. Yo soy Ingeniera en Administración, Magíster en Economía, entonces las clases que ofrezco en las distintas casas de estudio son de esa área: Economía, Administración…Y cada vez que hablaba de economía en relación con esa asignatura, era imposible no hablar de que existen otras formas de hacer economía además de los modelos tradicionales, que es lo que se enseña en las cátedras, en general.
Fue cuando empecé con la difusión de la EBC y otros modelos. Actualmente ya hace dos años propuse un electivo en una universidad regional, y lo aceptaron. Allí hablo netamente de economías colaborativas y, dentro de eso, de la economía del bien común.
Así que surge por esta motivación de dar a conocer a los jóvenes que hay otra forma de hacer economía. Pero, sobre todo, de explicar la economía real, no esta economía crematística como se la conoce: este modelo netamente capitalista y de la producción, o malentendida como economía también muchas veces.
DEL ESCEPTICISMO A LA REFLEXIÓN Y EL ENTUSIASMO
FS: ¿Cuál es la reacción del alumnado cuando tú le presentas estas ideas, el contraste entre diferentes formas de ver la economía?
PGR: Yo parto de lo más básico para todo los cursos. Primero, explicando qué es la economía como tal, como ciencia social. Luego, la diferencia entre economía y crematística, que es un concepto no tan conocido. Esto ya les abre la mente para darse cuenta de que lo que hacemos hoy día no es tanto economía en sí, sino más bien otro concepto, otras prácticas de acumulación de riqueza.
Ahí se genera una apertura reflexiva y la reacción a querer aprender, querer conversar del proceso. Y descubren otra manera, o sea, se entusiasman con esta forma económica tan diferente a la que te venden en los programas tradicionales. Se entusiasman, pero también se encuentran con la gran muralla de que el sistema apunta, ya hace mucho tiempo, a este sistema capitalista, mercantilista, de consumismo. Y se dan cuenta de que es complejo hacer un cambio, lo ven como un desafío, pero sí les interesa conocerlo.
FS: ¿Por qué crees que es importante introducir la economía del bien común o este tipo de modelos en la enseñanza?
PGR: Si me preguntas en los niveles básicos, primero que todo yo ahí agregaría a la familia. Acá tenemos nivel básico desde primero hasta octavo, son chicos y chicas de 6 a 13 años, y ahí siempre va a ser la familia la que toma las decisiones económicas. Entonces por ahí creo que es importante ingresar con la familia a los establecimientos educativos básicos.
En relación con la educación superior, que es donde yo he intervenido, es súper importante, porque ellos son futuros profesionales que van a tomar decisiones económicas, cuando trabajen en empresas o en el Estado, y, que comprendan que a nivel personal que ya están tomando decisiones económicas que impactan sus vidas y el entorno donde viven.
En Puerto Montt viven muchos jóvenes fuera de sus hogares por los estudios. Es importante que tengan conciencia a la hora de decidir de manera económica si comprar esto o lo otro. O cómo comprar para satisfacer sus necesidades materiales. Y que estén en conocimiento de todos los factores e impactos de sus decisiones económicas. Además, para mí, como motivación, es importante generar una conciencia de cómo ocupamos los recursos, saber que son limitados y que nuestras necesidades no necesariamente deben ser “ilimitadas”, tal como se indica de manera repetitiva en el modelo económico tradicional y predominante. Hoy día nuestro planeta necesita conciencia económica. Siento que eso es lo que me da propósito y motivación par hacer el electivo.
LA CLAVE DE LA MOTIVACIÓN EXTRA DEL PROFESORADO
FS: Uno de los retos para introducir estos enfoques en Secundaria es encontrarles espacio dentro de los contenidos curriculares. Desde tu experiencia, ¿cómo puede el profesorado incorporar otras perspectivas sobre la economía en sus clases?
PGR: Yo creo que hay que entrar a analizar los programas de cada país y, ya después, de cada departamento educacional o centro. Hoy día se está promoviendo en los establecimientos de enseñanza media, que es la Secundaria, la economía tradicional dentro de las asignaturas. Se entrega el programa típico, que habla de sistemas económicos tradicionales: oferta, demanda, lo que conocemos. Se enseña, lamentablemente, sin ninguna reflexión, pero hay docentes que van más allá y buscan apoyo para entregar una mirada más integral de la economía.
Ahí está también, en cada una/o, como docente ponerle el valor agregado a la cátedra/asignatura que dictamos. Es lo que yo hice en su momento, por ejemplo, en educación superior: me entregaban un programa, yo pasaba ese programa, pero por supuesto con este valor agregado. Actualmente, la materia electiva que dicto, la propuse yo cien por ciento y agradezco a la universidad por haberla aceptado, y a cada una/o de los estudiantes que han pasado por el lectivo y se siguen inscribiendo a lo largo de los semestres.
Más allá de los programas, creo que es importante llegar a las personas, quienes estamos en el día a día, porque al final somos las que promovemos lo que está escrito. Y eso que está escrito no está en piedra. Una puede dar valor agregado cumpliendo con las bases, cuando hay un programa.
FS: ¿Le pides al alumnado que diseñe, por ejemplo, un proyecto de empresas que trabajen con los valores EBC?
PGR: Hay tres niveles. Parto por la teoría, de lo más básico, qué es la economía, las diferencias entre economía y crematística, explicar el sistema tradicional: economía mixta, capitalista, centralizada.. Porque para hablar de algo hay que conocer lo que existe. Pasamos por esa teoría.
En la etapa dos, hablamos de los distintos enfoques o economías colaborativas, y dentro de esa, la EBC, la economía circular, el comercio justo y otros.
El tercer nivel son trabajos prácticos. El alumnado hace su propuesta de proyecto. Pero antes hacen otro trabajo, que consiste en identificar empresas regionales o en el país que pongan en práctica estas economías colaborativas que estamos conociendo. Que observen si esto realmente es factible hacerlo, porque se quedan con la sensación de que es imposible esta actividad. Entonces les digo: “Bueno, busquemos qué es lo que hay, qué están haciendo”.